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Quiero compartir con todos los lectores, estas pastillitas, que mi hermano mayor me regala casi todas las mañanas. Reúnen las cualidades de ser profundas pero sencillas , de rápida lectura y de acción prolongada en sus beneficios , gracias Germán .

domingo, 26 de mayo de 2013

EL TRABAJO I

Cuando terminó la escuela primaria, su padre lo llamó y le dijo: “Mirá, como vas a empezar el secundario, conviene que también comiences a trabajar; en las vacaciones te voy a conseguir algo”. Jorge, con apenas 13 años, lo miró un tanto desconcertado. En su casa vivían bien con el sueldo de su papá, que era contador. “No nos sobraba nada, no teníamos auto ni nos íbamos a veranear, pero no pasábamos necesidades”, aclara. De todas formas, aceptó obediente. Al poco tiempo estaba trabajando en una fábrica de medias que atendía el estudio contable donde se desempeñaba su padre. Durante los dos primeros años, realizó tareas de limpieza. En el tercero le dieron trabajos administrativos y, a partir del cuarto año, su rumbo laboral y el tiempo dedicado cambiaron. Como concurría a un colegio industrial, especializado en química de la alimentación, consiguió entrar en un laboratorio, donde trabajaba entre las 7:00 AM y la 1:00 PM. Apenas le quedaba una hora para almorzar antes de asistir a clase hasta las 8:00 pm. Más de medio siglo después, evalúa que aquel trabajo —que siguió realizando tras concluir el secundario— terminó siendo muy valioso para su formación. “Le agradezco tanto a mi padre que me haya mandado a trabajar. El trabajo fue una de las cosas que mejor me hizo en la vida y, particularmente, en el laboratorio aprendí lo bueno y lo malo de toda tarea humana”

Tomado de El Jesuita, Conversaciones con el Cradenal Jorge Borgolio

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