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Quiero compartir con todos los lectores, estas pastillitas, que mi hermano mayor me regala casi todas las mañanas. Reúnen las cualidades de ser profundas pero sencillas , de rápida lectura y de acción prolongada en sus beneficios , gracias Germán .

viernes, 31 de mayo de 2013

Dios te eligió, déjate querer

Jorge Bergoglio a los 17 años se preparaba para a festejar el Día del Estudiante, pero decidió ir primero a su parroquia. Decidió confesarse.  “En esa confesión me pasó algo raro, no sé qué fue, pero me cambió la vida; yo diría que me sorprendieron con la guardia baja. (…) me di cuenta de que me estaban esperando. Eso es la experiencia religiosa: el estupor de encontrarse con alguien que te está esperando. Desde ese momento para mí, Dios es el que te ‘primerea’. Uno lo está buscando, pero Él te busca primero. —¿Cómo reaccionó su familia cuando le dijo que quería ser sacerdote? —Primero, se lo dije a mi papá y se sintió feliz. La reacción de mamá fue diferente. “No sé, yo no te veo… Tenés que esperar un poco… Sos el mayor… Seguí trabajando… Terminá la facultad”. La verdad es que la vieja se enojó mal. —Cuando entré al seminario mamá no me acompañó, no quiso ir. Durante años no aceptó mi decisión. (…) Pero era coherente: recuerdo verla de rodillas delante mío al finalizar la ceremonia de la ordenación sacerdotal pidiéndome la bendición. Lo que sí me acuerdo es que cuando se lo dije a mi abuela, ella me respondió: “Bueno, si Dios te llama, bendito sea. (…) Por favor, no te olvides que las puertas de la casa están siempre abiertas y que nadie te va a reprochar nada si decidís volver.” Esa actitud, que hoy denominaríamos contenedora frente a alguien que se apresta a pasar por una prueba muy importante, me resultó una gran enseñanza para saber cómo comportarme ante personas que están por dar un paso trascendente en sus vidas. —¿Cuánto cree que hubo de decisión suya y cuánto de “elección de Dios”? A mí siempre me impresionó cuando Jesús miró a Mateo en una actitud que, traducida, sería algo así como “misericordiando y eligiendo”. Ésa fue, precisamente, la manera en que yo sentí que Dios me miró durante aquella confesión. Y ésa es la manera con la que Él me pide que siempre mire a los demás: con mucha misericordia y como si estuviera eligiéndolos para Él; no excluyendo a nadie, porque todos son elegidos para el amor de Dios. “Misericordiándolo y eligiéndolo” fue el lema de mi consagración como obispo y es uno de los pivotes de mi experiencia religiosa: el servicio para la misericordia y la elección de las personas en base a una propuesta. Propuesta que podría sintetizarse coloquialmente así: “Mirá, a vos te quieren por tu nombre, a vos te eligieron y lo único que te piden es que te dejes querer”. 

Adaptado de El Jesuita, Conversaciones con el Cardenal Bergoglio

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