Compartir lo bueno...

Quiero compartir con todos los lectores, estas pastillitas, que mi hermano mayor me regala casi todas las mañanas. Reúnen las cualidades de ser profundas pero sencillas , de rápida lectura y de acción prolongada en sus beneficios , gracias Germán .

lunes, 5 de agosto de 2013

NO ATESORES

En nuestro camino sustituimos con frecuencia a Dios por las cosas materiales. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes nos aleja del otro, nos hace infelices, nos engaña, nos defrauda sin que podamos alcanzar nuestras propias metas. ¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones que podemos asegurar el futuro?

Cuentan que en una ocasión murió el señor más rico del mundo, y al llegar al cielo vio una gran cantidad de castillos y palacios. Se preguntaba en cuál de ellos habitaría: "Quizá en aquel que tiene seis torres, o este otro que tiene techos de oro". Al ver a su ángel le dijo: " Sin duda que aquel castillo de seis torres es el mío, pues como yo fui el hombre más rico de la tierra, lo pude haber construido con todo mi dinero". Sin embargo, el ángel le dijo: "Lamento defraudarte, pero tu sitio es esa casita con cuatro palos a punto de caerse, pues eso fue lo único que pudimos construir con las cosas que atesoraste para el cielo".

Cuántas veces nosotros atesoramos solo para la tierra y no para el cielo. Nos confiamos en el éxito de un examen, de un negocio, en la compra o venta de algún objeto. Preguntémonos ¿Cuántas veces ante un bienestar humano, en lugar de acercarnos más a Dios nos alejamos de Él? ¿Por qué cuando más bienes materiales tenemos sentimos menos necesidad de acudir a Dios? Y al contrario, cuando todo nos falla, cuando los amigos nos traicionan, cuando en el estudio o en el trabajo las cosas marchan mal, cuando el dinero no nos alcanza para pagar el colegio de los hijos, es cuando acudimos a Dios.

Adaptado de: P. Luis Gralla | Fuente: Catholic.net

Blog Pastillitas