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Quiero compartir con todos los lectores, estas pastillitas, que mi hermano mayor me regala casi todas las mañanas. Reúnen las cualidades de ser profundas pero sencillas , de rápida lectura y de acción prolongada en sus beneficios , gracias Germán .

miércoles, 15 de agosto de 2012

La vida por los demás

A fines de julio de 1941 se fugó un internado del campo de concentración de Auschwitz. A la mañana siguiente el jefe de la prisión hizo que los internados formaran una fila con la amenaza de que si no aparecía el fugado, diez de ellos serían ejecutados. En la noche el jefe de la prisión pasó lista y anunció los diez nombres de los que serían ajusticiados. A la mañana siguiente, uno de los diez elegidos musitó estas palabras: «Pobre esposa mía; pobres hijos míos». El padre Maximiliano Kolbe que  estaba cerca y lo oyó, dio un paso adelante y le dijo al coronel: «Soy un sacerdote católico polaco, estoy ya viejo. Querría ocupar el puesto de ese hombre que tiene esposa e hijos». El oficial oyó su ofrecimiento y Maximiliano Kolbe que tenía  47 años fue puesto junto con otros nueve prisioneros y ejecutado. 

Así como Jesús dio la vida por salvar a otros, san Maximiliano Kolbe lo hizo por su compañero de prisión, san Maximiliano se vuelve así un testigo valioso para un mundo donde solo el “yo” es importante. Nos muestra que es posible darse por los demás que es posible vivir dando bendición al otro. Lo hace para que los cristianos entendamos que la razón de ser de nuestra vida es ayudar a los demás. La vida no se hace desde el egoísmo, la vida de los que seguimos a Cristo se hace desde la entrega, desde el servicio. Hay mucha más alegría en dar que en recibir. Nos hemos acostumbrado a tener siempre más y se nos ha olvidado ayudar a los demás.