Compartir lo bueno...

Quiero compartir con todos los lectores, estas pastillitas, que mi hermano mayor me regala casi todas las mañanas. Reúnen las cualidades de ser profundas pero sencillas , de rápida lectura y de acción prolongada en sus beneficios , gracias Germán .

jueves, 13 de diciembre de 2012

La Verdad

Una mujer que estaba preparando una cena para unos invitados, se detuvo en una carnicería para comprar carne. Había decidido rellenar un pollo y asarlo. Cuando le pidió al carnicero que le diese el pollo más grande que tuviese, este sacó el último pollo que tenía y lo colocó sobre la balanza.
-Este pesa un kilo ochocientos, señora -le dijo.
La mujer pensó unos momentos y luego dijo: No estoy segura que alcance. ¿No tiene uno más grande?
El carnicero devolvió el pollo al compartimiento, simuló que buscaba entre el hielo que se derretía y sacó el mismo pollo. Esta vez, mientras lo pesaba en la balanza, aplicó disimuladamente un poco de presión con sus dedos.
Ah, -dijo, con una sonrisa-, este pesa dos kilos setecientos.
La mujer frunció el ceño, y haciendo algunos cálculos mentales, dijo sonriente: Mejor, ¡envuélvame los dos!
La verdad es un lazo, no una cinta elástica.
Proverbios 19:5: “El testigo falso no quedará sin castigo, el que cuenta mentiras no escapará”.
Renuevos de Plenitud