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Quiero compartir con todos los lectores, estas pastillitas, que mi hermano mayor me regala casi todas las mañanas. Reúnen las cualidades de ser profundas pero sencillas , de rápida lectura y de acción prolongada en sus beneficios , gracias Germán .

miércoles, 9 de julio de 2014

DE UN EMPRESARIO A SU HIJO

Hace 35 años comencé "a patear la calle" cada tarde, con un maletín lleno de ilusiones y muchísimas ganas de triunfar. En ese momento estudiaba tercer año de economía en la UCAB, y como había aprobado dos contabilidades, me consideraba contador, entraba en todos los negocios y me presentaba: "Buenas tardes, mi nombre es Carlos Dorado, le puedo llevar la contabilidad, deme la oportunidad y estoy seguro de que estará contento con mis servicios; no se arrepentirá. ¿Cuánto está pagando usted actualmente?". No importaba lo que me dijese, siempre le respondía que yo le cobraría la mitad.


Hoy considero que el "patear esas calles", fue un gran maestro; que me enseñó variables importantes para lograr ser un empresario: humildad, perseverancia y psicología.

Durante esos años, me enfrenté a todo tipo de humillaciones (buenas maestras, siempre que no se conviertan en resentimiento), desde la persona que me respondía en forma grosera hasta los que no me pagaban.  


Quizás por eso, cada vez que alguien me dice que soy exitoso, y el ego amenaza con despertarse, apelo al recuerdo de aquel muchacho que estaba abajo, y que todos los días se enfrentaba a gente que estaba arriba; hasta que el tiempo me fue enseñando que no hay arriba, ni hay abajo. La importancia de una persona se la da uno mismo.

Hace falta sangre, sudor y lágrimas para alcanzar sueños, esperanzas y alegrías; pero yo estaba dispuesto a pagar el precio.


Adaptado de: Carlos Dorado. Cartas de un Empresario a su Hijo|  El Universal, 6-jul-2014