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Quiero compartir con todos los lectores, estas pastillitas, que mi hermano mayor me regala casi todas las mañanas. Reúnen las cualidades de ser profundas pero sencillas , de rápida lectura y de acción prolongada en sus beneficios , gracias Germán .

lunes, 15 de octubre de 2012

Ayúdame a ser generoso

Nuestro Señor no condenó la riqueza ni los bienes terrenos por sí mismos. Es más, entre sus amigos y discípulos se encontraban José de Arimatea y Nicodemo y algunos otros que eran hombres ricos.

Los ricos y los pobres son hijos de Dios, y tanto unos como otros pueden ser cristianos. Ha habido reyes y reinas, príncipes y nobles que han sido ejemplos de virtud y de santidad: san Enrique, san Luis de Francia, santa Isabel de Hungría, san Wenceslao, san Casimiro y muchos más.

Lo que nuestro Señor condena es el apego desordenado a las riquezas y a los bienes terrenos. Este lleva al hombre a la avaricia hasta el punto de olvidar lo que es importante en la vida: "¡Necio! – llamó nuestro Señor en una de sus parábolas a un avaro-; esta misma noche te van a reclamar el alma. Todo lo que has acumulado, ¿para quién será?".

Las riquezas son algo accidental, y deben ser un medio más para vivir y para servir mejor a Dios y al prójimo. Cuando el dinero no se usa para eso, es entonces cuando comienzan los problemas: la prepotencia, la soberbia, la avaricia, la injusticia y la corrupción.  

Lo importante es cómo usamos los bienes: si con ellos ayudamos a nuestros semejantes, o si sólo nos servimos nuestros caprichos. Pero, ¡atención!, no hay que ayudar a los demás sólo con las migajas que nos sobran, sino con verdadera generosidad. Sólo así vamos por el recto camino.

Señor, Ayúdame a salir de mi zona de confort para dejar a un lado todo lo que entorpezca o disminuya mi amor y mi generosidad a Ti y a los demás.


Fuente: Catholic.net