Hoy renuncias a tu pontificado cuando reconoces que la Iglesia requiere de alguien más fuerte que la administre aquí en la tierra. Me recuerdas a Pedro el primer Papa que murió crucificado pero cabeza abajo pues no se creyó digno de morir cabeza arriba como su maestro. Hoy te despides igual. Crucificado por los medios de comunicación, por la opinión pública y por tus mismos hermanos católicos. Crucificado en la humildad esa que duele tanto entender. Eres un mártir contemporáneo, de esos a los que se les inventan historias, que se les calumnia, y responde siempre pidiendo perdón.
Benedicto, fuiste Papa y cuando viste que la Iglesia requería de alguien más joven que tú para administrarla en la tierra decidiste abrirle paso y apartarte de tu papado. Vas a morir tranquilo sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándote aguardando a que la luz de tu cuarto se apague. Vas a morir humilde como viviste siempre.
Gracias Benedicto por tu ejemplo de humildad
Adaptado del e-mail Carta de Daniel. Anónimo.
¡SIEMPRE RENUNCIAS, BENEDICTO!
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